no tan al norte de Santiago, Chile se hace desierto. Desde la ventana del bus vamos dibujando el borde oeste de América del Sur.
Son las 9 de la noche. El cielo se prende fuego y el inmenso océano pacífico parece no poder apagarlo.
No me siento lejos... ¿será que vamos rodando la tierra con toda nuestra tierra adentro, como escribió Manuel Castilla? ¿Serán los mates que me acerca a los amigos y al barrio?
A pesar de la hora, el sol parece no querer irse; sus rojos se vuelven violetas y las nubes aliadas lo agigantan. Pero ya está derrotado. El lucero se enciende donde no es noche ni es día. Y las estrellas tímidamente ocupan el terreno ganado. La media luna empieza a gobernar sus horas. Huirá antes de ver salir el sol y caerá ella derrotada. Pero no seré testigo de esa batalla, estaré soñando quien sabe con que...
Aun la tierra deberá girar una vez mas sobre sí misma para que el bus me deje en Arica, frente a su morro famoso y con su historia de héroes vencedores y héroes derrotados, de vencedores vencidos...como la luna y el sol.







