jueves, 30 de julio de 2009

candombe afroporteño

un par de actualizaciones atrás le contaba de un curso teórico practico que estábamos realizando sobre Candombe Afroporteño. Si aun no subí nada al respecto es solamente porque el tema me esta cambiando la percepcion de la cultura afroamericana y me hace replantear desde donde ser un interprete de ese arte... y como estoy en pleno proceso aun no me siento en condiciones de decir nada. Solo puedo decir que es bueno que no olvidemos que la musica no es solamente una cambinacion de sonidos, si no que es el emergente de todo un proceso social.
Les dejo aquí un reportaje que Pagina 12 le hizo esta semana a Pablo Cirio (quien nos dió la parte teórica del curso) que nos ayuda a derribar ciertos preconceptos sobre la negritud en la Argentina.


“El argentino no está preparado para ver a los negros”

Los descendientes de africanos en Buenos Aires sufrieron un mecanismo consciente de invisibilización. Lo cierto es que los negros están y existen. Pablo Cirio se ocupa de estudiar a y con los afroporteños, que cuentan entre sus filas a ciertos famosos que reniegan de su estirpe y que influyeron decisivamente, quiérase o no, en muchas de las más ponderadas creaciones nacionales.

Por Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki

–Usted es antropólogo, pero trabaja con la música.

–Efectivamente. Mi especialización es la música en contextos socioculturales, concretamente, ahora, en la población afroargentina (es decir, los descendientes de negros africanos esclavizados en la época colonial hasta 1861, que fue el año real de abolición de la esclavitud en nuestro país).

–¿Por qué fue el año real?

–Generalmente se cita la libertad en 1813, pero ésa fue una libertad formal. La esclavitud, de hecho, siguió funcionando; los esclavos siguieron estando bajo condiciones de servidumbre en las casas de sus amos. En 1861, Buenos Aires suscribe a la Constitución Nacional, y es en esa Constitución donde realmente queda abolida la esclavitud.

–¿Era una población de cuánta gente?

–Las cifras son muy endebles. Uno a veces piensa que los censos son abstracciones matemáticas puras y duras pero, desde las formas de diseñar un censo hasta las maneras de contar a las personas, hay mucha incidencia de factores culturales. Tal es así que en 1887 es el último censo nacional en el que se cuenta a la población negra de manera diferencial. Después de 1887 los censos no incluyen la categoría “negro” y crean otra categoría que es la categoría de “trigueño”, que formó parte de un mecanismo de invisibilización de la negritud. Lo que los censos reflejan no es la realidad como una fotografía de la época, sino cuestiones ideológicas. En 1887, en Buenos Aires dan como población negra un 1,8 por ciento (que parece mínima). Para ese período, sin embargo, la comunidad negra tenía una prolífica actividad social y cultural: entre ellos funcionaban 20 periódicos, había cerca de 100 entidades afroporteñas (entre sociedades carnavalescas, de ayuda mutua, etc.), había centros políticos, artísticos, culturales...

–Y el mito de que los negros fueron barridos por la fiebre amarilla y la guerra del Paraguay, ¿es realmente un mito?

–No, eso es verdad. Hay varios supuestos que cualquier argentino podría enumerar si se le pregunta por qué no hay población negra en la Argentina. La primera argumentación es que acá hubo algunos hechos históricos y sociales en los que murieron masivamente: las guerras de la Independencia, la guerra del Paraguay. Como quedaban muchas más mujeres negras que hombres, comenzaron a casarse con blancos y la descendencia comenzó a decaer. Esas razones existieron, pero no explican por qué hoy, en 2009, una parte significativa de la población argentina se reconoce descendiente de esclavos negros y mantiene su cultura vigente.

–¿Y dónde están?

–Bueno, ahí está el segundo mecanismo de negación de la negritud. A cualquier argentino que se le pregunte sobre los negros en la Argentina va a contestar: “Bueno, pero yo no los veo por la calle”. Lo que pasa es que habría que ver por cuáles calles camina nuestro interlocutor: Buenos Aires es una ciudad muy grande y el resto del país ni hablemos. Hay muchas calles, muchos barrios, muchas geografías sociales y culturales. Lo que yo le puedo decir es que ellos están y viven. Así como los censos son un recorte cultural e ideológico, nuestra mirada es también un recorte cultural e ideológico. Uno no mira naturalmente, mira condicionado por la educación, por factores históricos, por intereses y por silencios. Cuando uno tiene el ojo entrenado, puede ver cosas que otra persona no ve. El argentino, en su ideario identitario, no está preparado para ver a los negros. Pero... ¿por qué no podemos verlos? Ahí hay una cuestión delicada. Yo le voy a hablar de los afroporteños, cuya situación es distinta a la de los afroargentinos del interior del país (en cuanto a estrategias de preservación y divulgación de su cultura). Los afroporteños han elegido conscientemente no mostrar su cultura puertas afuera de sus casas. Esa fue una estrategia de preservación y defensa frente a algunos avasallamientos que se vinieron dando en las últimas décadas del siglo XIX. Hay que tener en cuenta siempre que en 1861 es la abolición de la esclavitud y ya en 1863 se empezó (con una nota publicada en los almanaques de la época) a hablar de la inminente desaparición biológica y cultural de los negros. De 1863 hasta el presente, ese tópico se viene repitiendo periódicamente en la prensa, en los académicos, en los políticos, en los intelectuales. “No quedan más negros, ya no hay más tradiciones negras”, se dice. Eso también fue responsabilidad de la propia comunidad negra, que decidió mantener su cultura puertas adentro para evitar ser objeto de burla o de humillación pública (en los carnavales, por ejemplo). Esa estrategia se mantuvo vigente hasta hace dos o tres años. Puertas afuera se mezclaban con los ciudadanos comunes y corrientes, y trataban de mimetizarse con la blanquedad. Eso hizo un engranaje nefasto con el pensamiento blanco que, o bien no los veía (no los quería ver) o bien los extranjerizaba. Es muy común que, cuando uno ve un negro en la calle, piense automáticamente que es brasileño o africano. Si bien es probable que muchos sean de ese tronco, muchos de ellos pueden ser tranquilamente afroargentinos y nosotros ni siquiera lo pensamos. Otra cuestión delicada es la del mestizaje cultural y biológico. Los negros se han mezclado con población blanca y con población aborigen. Ese mestizaje nosotros no podemos verlo. Nosotros vemos en términos absolutos: se es absolutamente negro o blanco. No podemos ver el producto de la mezcla cultural. Y América es eso, en realidad: una mezcla de culturas. Eso derivó, sumado a los grandes índices de pobreza que hay entre la población negra, en la migración del concepto de negritud al concepto de pobreza. Se empezó a hablar de negro no en términos étnicos, culturales e históricos sino en términos de pobreza. Cuando hoy uno habla de negros, eso tiene un sentido socialmente despectivo. Se está racionalizando una cuestión económica y social.

–¿Qué relación hay entre los “cabecitas negras” y los afroargentinos?

–Yo me atrevería a decir que son lo mismo. Cuando se habla del negro, del cabecita negra, estamos pensando en la mezcla de criollos con aborígenes, pero no tenemos en cuenta la tercera raíz de la Argentina. La española es una, la aborigen es otra, pero falta la negra. Esa es la otra pata del mestizaje, que falta en nuestra historia. Esa otra pata fue diluida, fue solapada, fue acallada. Y fue una estrategia consciente por parte de la generación del ’80 en su afán de construir una moderna Nación Argentina. Para eso era clave el ideario blanco (que se mantiene virtualmente intacto). Y, como nadie habló con los afroargentinos a nivel de investigación (siempre se habló sobre ellos, de ellos, en contra de ellos), se me ocurrió que era interesante hablarles. Y lo que dicen es muy interesante.

–¿Qué dicen?

–En este país de ausencias, ellos se consideran los primeros desaparecidos. La pregunta es por qué: si ellos están, si ellos viven, ¿cómo se pueden considerar desaparecidos? La respuesta es que son desaparecidos de Africa: sus ancestros fueron secuestrados de su continente y traídos compulsivamente, esclavizados, a esta tierra.

–Los que viven ahora, ¿son afroporteños puros?

–No existe el concepto de pureza, en ningún aspecto. Ese concepto se toma de la biología o de la culinaria, pero en términos culturales eso no existe (porque uno trata de ponerle valor a eso). Acá fueron traídos muchos grupos diversos del Africa negra, de cuyos nombres no se acuerdan ni los propios descendientes. Porque ellos también quisieron olvidar ese pasado. La mayoría son del tronco bantú, del centro-sur de Africa. Hablar de ese tronco es hablar de medio continente africano. Esos grupos, a su vez, se mezclaron entre sí, y se mezclaron con los blancos, y se mezclaron con indígenas, y de ahí provinieron todos los descendientes. Yo, antes de pensar en términos de pureza o impureza, prefiero pensar en los afroporteños como aquellos que se reconocen descendientes de esclavizados y que mantienen valores de su cultura.

–¿Cómo cuáles?

–La música, la religión, el idioma, la culinaria.

–¿Y qué idioma conservan?

–Bueno, lo que pasa es que el idioma no está disociado de la variación cultural. Se conservan, por ejemplo, cantos arcaicos (posiblemente originarios de Africa) que están en lenguas arcaicas del tronco bantú. Yo he podido traducir una de esas canciones, que ni siquiera ellos saben qué significan, dado que las cantan por fonética. Eso, a su vez, se fue deformando con los siglos, lo cual lo hace aún más complicado. Pero se mantiene, más o menos, el vocabulario. Y mucho de ese vocabulario permeó al lunfardo: mucama, quilombo, catinga. Mucho quedó igual. Y mucho fue variando por las circunstancias históricas del país, por ejemplo, “chongo”. En la comunidad negra, eso significa persona blanca. Fuera de esa comunidad, eso significa otra cosa. Ellos, también, preservaron palabras que no pasaron al lunfardo: mundele (un tipo de carne de vaca) o calunga (cementerio) o tute (caliente). En su habla coloquial, ellos usan esas palabras, que por cuestiones históricas no pasaron a nuestro idioma general.

–¿Y dónde se los encuentra?

–Bueno, la ciudad de Buenos Aires es muy grande, y a eso hay que sumarle el continuum poblacional que es el Gran Buenos Aires. Estamos hablando de un área de más de 10 millones de habitantes. Por cuestiones de pobreza, a través de las sucesivas crisis que fue atravesando el país, la pobreza actuó como fuerza centrífuga y los fue alejando del centro. A fines del siglo XIX, ellos vivían en los históricos barrios de Montserrat, San Telmo y San Cristóbal. Con diferentes crisis, ellos fueron yéndose hacia Flores. En la primera mitad del siglo XX, ellos vivían allí. De hecho funcionó un club llamado La Armonía, en el que se bailaba su música. Hoy, en su mayoría, viven en Merlo, en Ituzaingó, en Paso del Rey, en La Tablada, en La Matanza, en Valentín Alsina, en Lomas de Zamora. Una pequeña población queda en Buenos Aires, pero muy pequeña. Ahí habría que hacer una aclaración. Ellos son todos afroporteños, pero internamente se dividen en dos subcategorías. Los negros usted y los negros che. Los negros usted, que son una minoría, son los pocos que lograron una posición de elite económica e intelectual, a fuerza de deshacerse de su lastre étnico y de no comprometerse con su cultura ancestral (y, por lo tanto, de abrazar el ideario blanco de ciudadano). A algunas de esas personas negro usted las conocemos muy bien, porque son personas de la farándula, o de la política, y, por una cuestión cultural, nosotros no los podemos ver como negros (y ellos tampoco se reconocen como negros).

–¿Por ejemplo quiénes?

–Vamos a dar nombres. La escritora Griselda Gambaro (afrodescendiente del tronco colonial). El pianista Horacio Salgán. El peluquero Roberto Giordano. La actriz o conductora Carmen Barbieri (cuyo abuelo era guitarrista de Gardel). Todas esas son personas que, para nosotros, son blancas (y que se esfuerzan por ser blancas), pero tienen una raigambre negra. El tema de la negritud, entre ellos, no se habla. Esos son los negros usted. La gran mayoría, sin embargo, son los negros che.

–¿Y la música?

–Bueno, lo que estructura la cultura negra porteña es el candombe, y lo que marca el ritmo del candombe es el tambor. Y el toque del tambor para los afroporteños es su conexión sonora con sus ancestros: reviven a sus ancestros a través de la danza y el baile. O sea que toda música es vivida como una danza lúdica pero, a la vez, religiosa.

–¿Y la comida?

–Mucha de ella la comemos a diario, y no tenemos memoria de ese patrimonio negro. Por ejemplo, el dulce de leche. Cuando se dice que nació de un descuido en la provincia de Buenos Aires, luego de que la cocinera de Rosas se olvidara la leche en el fuego, nadie dice que esa cocinera era negra. Por ejemplo, las achuras: las comidas de las vísceras son típicamente negras. No por nada el barrio de Montserrat se llamaba el “Barrio del Mondongo”. Los criollos no comían esa carne, la tiraban. Y las negras achuradoras (esto lo dice Echeverría en El matadero) iban a recoger esa carne para hacer su comida.

–¿Eso es de raíz africana?

–Afroamericano, en realidad. Hay una anécdota de Borges muy interesante. El volvió a su casa, en la década del ’20, y le contó a su madre, enfervorizado, que había estado con compadritos, y que lo habían invitado a comer. La madre, entonces, le pregunta: “¿No habrás comido asado, esa porquería que comen los esclavos?”. Otra comida, que no ha pasado a la tradición culinaria nuestra, es una en la que se hierven huesos de pata de vaca hasta que se deshacen; eso se mezcla con cebolla rehogada y ajo y se pone en una fuente, como si fuera queso. Esa era una comida de negros muy pobres. Por tradición historiográfica se sabe que los negros siempre estaban recogiendo huesos de vaca en los mataderos.

–¿Cuántos son, aproximadamente?

–Aproximadamente, de acuerdo con varios estudios realizados, serían un cuatro por ciento de la población del país, es decir, unos dos millones de personas. Pareciera un disparate, pero ahí hay que tener en cuenta muchas cosas. Cuando nosotros decimos “negro”, en líneas generales, nos estamos refiriendo a algo muy visible: al color de piel. Pero hay que aclarar que no todos los negros son negros. Fíjese en Horacio Salgán, o en Carmen Barbieri. Por eso se usa una categoría más amplia, que es la de afrodescendientes. Nosotros podríamos tranquilamente ser afrodescendientes y no lo sabemos. Los afrodescendientes, para darse cuenta de quiénes son sus pares, no se fijan en la piel sino en el pelo. El pelo enrulado o tipo mota es copyright africano.

viernes, 17 de julio de 2009

mundo de tambores


(foto: Ezequiel Fafian)

un ensamble de tambores es un micromundo...

cuando queremos hacer música con tambores (o accesorios) primero hay que saber que es lo que tenemos que tocar, hacerlo lo mejor posible y respetar esa función que tenemos asignada...así toquemos un golpe por compás o seamos el que improvisa. Todos somos igual de valiosos, ya que no importa lo individual si no lo colectivo
hay que escucharse y escuchar al otro, tocar al volumen necesario, ni de mas (porque taparíamos a los otros) ni de menos (porque no se nos escucharía)
hay que escuchar a las distintas partes y también al todo...
cuando repicamos o improvisamos estamos diciendo algo...o sea que debemos esperar nuestro turno, no hablar sobre los otros
se puede hablar o gritar...es una decisión
hay veces en que se puede monologar, otras veces hay que dialogar y es ida y vuelta (dialogar no es lo mismo que competir)...
se pueden armar oraciones o decir palabras sueltas
se puede hablar con palabras fáciles o difíciles, diciendo una palabra tras otra a toda velocidad, o tomandose el tiempo para saborear cada silaba...
hay que escuchar a los que saben, para nutrirnos de su experiencia y aprovechar su camino recorrido
y cuando sabemos algo, debemos pasarlo y no abusar del poder de ese conocimiento


se toca como se vive...
en eso estoy: aprendiendo a tocar, aprendiendo a vivir

viernes, 3 de julio de 2009

Congo Bongo

hace unos días en que tengo ganas de actualizar, pero no siempre las ideas bajan...
y no es que haya muchas dando vuelta, pero me gusta esperar a que maduren y tener algo para decir...
mientras tanto quiero compartir un video de ese espacio extraño y fascinante que es Youtube.
Se trata de La Fania All Stars en el estadio de los Yankees en 1973. La Fania fue un grupo formado entre las estrellas del sello homónimo. Entre los nenes que participaban en la orquesta, (que dirigía Jonnhy Pacheco) estaban entre otros Bill Cobham en batería, Mongo Santamaría y Ray Barreto en las congas, Orestes Vilató en timbaletas, entre los trombonistas estaba Wily Colon (con 19 años!) y en la voces entre otros, Cheo Feliciano y Hector Lavoe.

Los que puedan vean hasta el final...el nivel de excitación es tan grande que a los que allí estuvieron les debe haber costado unas días poder dormirse... Ray Barreto empieza a saltar con su conga, Mongo le da a cada golpe como a un chico de candombe (afrouruguayo...vale la aclaración)...la mano la levanta como hasta la oreja...
y lo mejor es la borrachera de placer que tiene Pacheco al final y Marcucci (el productor) que quiere cortar el mambo (justamente) y que sube varias veces a decirle que terminen el tema porque la gente se estaba descontrolando... un detalle: vean en el medio de ese bolonqui al flaco que se sube a bailar al escenario...imperdible.
demasiadas palabras...veanlo y luego me cuentan...

martes, 16 de junio de 2009

fetiches

tantas veces algunos nos preguntamos porque esta avidez por lo "afro"...
cuanto de conexión real hay con esas culturas, cuanto de moda?
en busqueda de respuestas, subo un extracto de un texto muy interesante que nos pasó Pablo Cirio como parte de la introducción teórica de un curso sobre candombe afroporteño (prometo en algún momento contar mas sobre este curso)

"la cutura afro crece ahora en Occidente como un fetiche de grande proporciones. Ella pasa a simbolizar lo incorporado, lo encarnado..."
"...las expresiones simbolicas afroamericanas juegan, en la fantasía, el papel de restituir los valores humanos perdidos en el Occidente actual: la fiesta, la risa, el erotismo, la libertad corporal, el ritmo vital, la espontaneidad, el relajamiento de las tensiones, la sacralización de la naturaleza y lo cotidiano."
"La cultura Afro funciona como un fetiche entre los consumidores blancos, por la promesa de un tipo de conviavilidad alegre, un contacto interpersonal directo, rico y sin barreras, una relación no económica y una experiencia con lo dionisíaco. Mas aun, ella viene a favorecer una utopía sensualista o anti intelectualista. Es éste clima ideológico que provoca una esquizofrenia muy particular: los consumidores son capaces de atribuir riqueza simbólica y estética a la cultura afroamericana, pero no se sensibilizan con el estado de carencia y exclusión a que estan sometidos los miembros de las comunidades afroamericans que producen ese universo simbólico que les parece tan seductor."
de "Las culturas afroamericanas en Iberoamerica: Lo negociable de lo innegociable"José Jorge de Carvallo (universidad de Brasilia)

...para pensar y repensar

continuará...

jueves, 4 de junio de 2009

haciendo publicos los espacios publicos


Mientras desde el gobierno de la ciudad (al mando de Mauricio Macri) se encargan de que el espacio publico no sea de nadie (desalojando creaciones vecinales como la huerta de Caballito, no manteniendo los centros culturales hasta provocar su cierre, enrejando plazas...etc.etc) hay otra gente trabajando para que esos espacios sean de todos...
Mañana con La Percutora presentaremos "En el barrio del Tambor" en el Tambo de la quinta de los Olivera, en el Parque Avellaneda.
Ojala podamos verlos por allí...aquí les dejo la data y al final una nota que salió hoy en Clarín.


(foto del show del sábado pasado en el ECUNHI)

VIERNES 5 DE JUNIO A LAS 21 HS.
"NOCHES DE CARNAVAL EN EL TAMBO"
PARQUE AVELLANEDA (Directorio y Lacarra, Buenos Aires)
LA PERCUTORA junto a:
Espiritu Cascabelero de Lanus
La Garufa de Constitución
Tocata en Humboldt
BONO CONTRIBUCION $2 mas un alimento no perecedero
(no se suspende por lluvia ya que es en un lugar cerrado)
MAS INFO: MECANICA_1984@HOTMAIL.COM


Las murgas porteñas no descansan y le ponen a junio calor de carnaval


Mañana arrancan en la Ciudad dos ciclos que invitan, al calor de escenarios teatrales, a redescubrir el género. Una buena ocasión para reencontrarse con un espectáculo que, aunque tiene su corazón en febrero, late todo el año.

por Miguel Middonno

Las murgas porteñas no se toman vacaciones. Y ahora, como si el calendario sólo tuviera hojas para febrero, buscan llevar la magia del carnaval a los espacios teatrales: mañana comienzan en la Ciudad dos ciclos que proponen una mirada distinta sobre un género que, aunque el frío intente convencer de lo contrario, respira durante todo el año.


Todos los viernes de junio, el Parque Avellaneda (Lacarra esquina Directorio) será sede de las "Noches de carnaval en el Tambo". El programa, ambicioso, promete el desfile de murgas porteñas, pero también de agrupaciones de estilo rioplatense, grupos de percusión y hasta bandas de rock.

"La Ciudad está llena de ciclos, pero ninguno dedicado al carnaval", cuenta Gabriel FiguLos Descarrilados de Parque Avellaneda, la murga que organiza el ciclo. El escenario será un magnífico edificio dedicado a las artes escénicas, construido en un antiguo tambo. "Buscamos abrir a todos el espacio público: aprender a usarlo y quererlo, dejarlo en mejores condiciones que cuando llegamos, para así poder seguir construyendo", agrega.

El ciclo comienza mañana, con una combinación ideal para hacerle frente al frío: Espíritu Cascabelero (Lanús), Tocata en Humboldt, La Percutora y Muchas Nueces. El espectáculo arranca a las 21 y la entrada es un bono contribución de $2 más un alimento no perecedero (obligatorio).

Para los viernes siguientes, están programadas las murgas Garufa de Constitución, Prisioneros del Delirio (Sarandí) y Zarabanda Arrabalera (12 de junio), Los Reyes del Movimiento de Saavedra y La Runfla Murguera (19 de junio); y en el cierre, Los estrellados porteños (Mataderos), La Redoblona y el grupo Riko el Pollo (26 de junio), entre otros.

Pero allí no termina todo. Con su espectáculo "La indigestión argentina" como nave insignia, mañana también desembarca en el teatro la murga Los Inevitables de Flores, una de las mejores agrupaciones del carnaval porteño. La cita es todos los viernes de junio -a partir de la medianoche- en La Castorera (avenida Córdoba al 6200).

A horas del debut, la expectativa corre a la par de los últimos retoques a levitas y sombreros. "El teatro abre las puertas a un grupo de gente a la que quizás le interesa el género, pero que no le gusta estar en un corso", dice Guadalupe, una de las integrantes de la murga. "Además, la calidad del espectáculo puede tratarse de otra forma: se puede jugar con las luces y los espacios. Y contar con un mejor sonido", explica.

Más allá de las ventajas que propone un escenario teatral, en Los Inevitables ya esperan con ansiedad el retorno de los corsos. "Sabemos que como el asfalto no hay: no vamos a poder llegar al teatro en camión, ni tampoco bailar inspirados por la luna o por el olor a choripán", dice Guadalupe, con la mirada puesta en febrero.
Roel, uno de los pulmones de

jueves, 28 de mayo de 2009

un gusto


Aun no es muy conocido que en el predio en donde funcionó la ESMA hoy funcionan espacios culturales y de promoción de la memoria y los derechos humanos. El Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECUNHI) funciona alli desde el 30 de marzo de 2008 y es un espacio digno de conocer. A muchos se les hace dificil entrar, creyendo que les va a costar bancarse la pesada historia del espacio.
Tengo la alegria de estar dando clases en ese lugar y desde enero que entro en ese predio todas la semanas. Les aseguro que aun hoy me emociona atravesar esas rejas. Siento dolor por el pasado...pero mayor es la alegria por este presente lleno de vida y arte.
Este sabado me daré un gran gusto personal: tocar en el ECUNHI con La Percutora...
gracias ECUNHI por abrirnos las puertas
gracias a La Percutora por llevarme por estos caminos

ojala pueden acompañarnos este sabado...

martes, 19 de mayo de 2009

tambores porteños

Buenos Aires padeció el silencio de los tambores durante muchos años. El ritmo parecía estar destinado a otras tierras; Cuba, Brasil, Perú, Uruguay...y generaciones enteras crecieron alejadas de los cueros y parches. El pueblo atravesó largos procesos de represión, en donde toda expresión corporal "desmedida" era condenada. Los feriados de carnaval fueron abolidos y el fútbol se transformó en uno de las pocos espacios donde expresarse públicamente y escapar al control del estado sobre lo que se dice y hace. Durante años fue solamente alli donde se podia escuchar un bombo de murga (y donde la gente cantaba la marcha peronista...recordemos que hasta se prohibió mencionar la palabra Perón). La unica percusión valida era la de las bandas militares. De a poco nos fueron convenciendo de que no somos un pueblo musical...y les creimos.
La democracia llegó y de a poco, tímidamente, los tambores empezaron a salir a las calles
Los bombos y platillos de las murgas de a poco fueron buscando y recuperando la identidad perdida y fueron ganando las plazas de los barrios. Y allí se cruzan con bombos legüeros y djembes, con berimbaos y tambores de candombe, con surdos, repiques y cajones...

Buenos Aires todo lo abarca, todo lo recibe...solo nos falta hacernos cargo de nuestra identidad (o nuestras identidades). Lindo sería que el estado tenga una política cultural que trabaje en ese sentido, pero no podemos esperar a que eso ocurra...debemos empezar por nosotros, por reconocernos en el pasado de nuestros antecesores, por dejar de imitar y por asumir que la mezcla nos enriquece...
por allí andan esperándonos unos cuantos ritmos argentinos...es hora de hacerlos sonar para que nunca mas callen los tambores en Buenso Aires...